martes, 30 de noviembre de 2021

No hay cura

Desde mi primer intento de suicidio, me cuidan y me cuido cuanto puedo: cuido mis  pensamientos, respeto mi medicación todas las mañanas, y en las noches tomo todo lo necesario para poder dormir toda la noche de corrido.

Sin embargo, hay algo que las pastillas, ansiolíticas, antidepresivas, no han podido lograr todavía.

Todos los días lo extraño. A veces solo recordando lo mirando hacia la nada por unos momentos. A veces con dos o tres lágrimas que caen, gordas, por mis cachetes...

Hoy toca, como otras muchas veces, extrañarlo mojando la almohada, al punto del punzón en el pecho. Al punto de tener que abrazar otra almohada para paliar el doloroso vacío que sienten mis brazos al no poder abrazarlo. La dolorosa distancia. La dolorosa ausencia.

La dolorosa realidad de que sus brazos están llenos del cuerpo de otra persona, y de que jamás sabrá que sigo luchando contra esto día a día. Que tengo miedo de pasar por esto hasta que la tristeza finalmente me mate.

domingo, 5 de septiembre de 2021

Esa parte sí estaría feliz

Tenemos algunos amigos en común, y un día se vieron en una reunión. Eran sus amigos, y las mías. Yo no estaba ahí pues él y yo ya estábamos separados hacía poco.

Algún tiempo después y en la casa de una de estas amigas, yo no paraba de llorar por él, y ella, tal vez cansada de verme así, me confesó algo que él supuestamente dijo sobre mí en esa juntada. No recuerdo en qué contexto ni por qué salió el tema, pero según ella fue algo así como: "Y bueno, que sufra. Yo quiero que sufra." Lo dijo refiriéndose a mí. Sabiendo que estaba pasándola mal por él. Y en frente de todos.

Y lo recuerdo hoy, porque sé que si esa parte enojada de él leyera esto, seguro se pondría muy contento. Porque no recuerdo haber sentido tanto sufrimiento junto en toda mi vida y durante tanto tiempo.

Llorar, sufrir y extrañar a alguien que alguna vez haya podido desear tu sufrimiento debe ser una de las bajezas más grandes de una persona. Pero sí, acá estoy, carente de dignidad alguna, lamentándome por reconocer que la única persona que podría consolarme en este momento, es aquella por la que sufro.

lunes, 30 de agosto de 2021

Vas a tener que aprender a vivir con esto

Algo que realmente me da bronca de esta enfermedad (porque hay que reconocerlo, basta: la depresión es una enfermedad) es lo mucho que ralentiza todo lo que quiero hacer. Todo me cuesta el triple.

Apenas llegué y abrí la puerta, el espejo frente a mí me mostró a una Liza distinta a la que acababan de ver todos durante el día. Pero decidí no evitarla esta vez. Me paré frente a ella y la miré antes de entrar al dormitorio.

"Necesito una ducha" -pensé mientras notaba mi pelo opaco por el paso de los días; "Debo darle una barridita a este piso" -me lamenté al ver mi habitación igual de dejada que mi pelo.

Así que empecé. Lenta... Pero constante. Primero la escoba, después el cepillo de dientes, hilo dental... Todo lento. No podía más. Pero decidido.
De verdad era suave y concienzuda con mis movimientos, pero mis encías sangraron, me dolían, y me daba cuenta de que todo eso era consecuencia del paso del tiempo. De la dejadez. En ese momento fue cuando noté la tristeza en mi semblante: párpados caídos, incipientes líneas de expresión cortando mis ojeras, y capilares chiquititos inyectados en sangre se hacían notar en mis ojos... Capilares que tal vez escondían un llanto suprimido por los medicamentos, creo yo.

Limpié e hidraté la piel de mi cara con delicadeza. Y sabía que lo que iba a ver no me iba a gustar, pero así y todo, decidí sacarme la ropa frente a ese espejo antes de bañarme. Le debo muchos mimos a este cuerpo tan maltratado. Eso me dió un poquito de valentía para observar.

Apenas pude hacerlo, esas lágrimas contenidas por los antidepresivos comenzaron a brotar, casi como hablándome, casi como diciéndome "por fin nos dejaste salir". Y las dejé.

Estaba desnuda, pero mi mirada se centraba en esa cara avejentada, cansada de sentir tanto dolor. Deslicé mi pelo hacia atrás, me sequé las lágrimas casi acariciándome los pómulos: "esto es necesario para sanar" -pensé. "Estás lágrimas están para hacerme sentir mejor."

Después mi vista se fue cerca de mi cuello: pequeñas cicatrices me recordaron a esas agujas que habían irrumpido en mi piel para salvar mi vida la última vez que estuve internada. Las lágrimas seguían cayendo. Salpicaban mi pecho. Acaricié las cicatrices y volví a pensar, como hablándome a mí misma: "estas marcas ya forman parte de tu historia. Vas a tener que vivir con ellas."

Pero habían heridas que no se veían en el espejo.

La vista siguió bajando... Y fue inevitable: mis dos manos terminaron acariciando la parte baja de mi vientre. Inexorablemente recordé esas minúsculas vidas tan deseadas que estuvieron albergándose alguna vez ahí adentro. Las lágrimas chorrearon más gordas y cerré los ojos al escuchar una voz que no era mía pero que me decía: "Vas a tener que aprender a vivir con esto."

Volví a abrir los ojos. Los globos oculares ya no eran blancos, al igual que el resto de mi semblante, colorado por la angustia. Todo estaba empapado con lágrimas saladas. Todo era piel inyectada en sangre de dolor que no pude expresar hasta entonces... Y contemplado esa mirada apagada, desesperanza, la voz volvió a hablarme:

"Él ya no te quiere. Y también vas a tener que aprender a vivir con esto."

miércoles, 25 de agosto de 2021

No estaré más En Tus Brazos

Este blog lo creé cuando tenía unos 16 años.

Aunque nunca me consideré muy buena ni mucho menos excelente haciéndolo, desde mucho antes de mi adolescencia, toda introvertida y tímida, supe que escribir era la mejor herramienta que tenía para expresar mis emociones, así que aquí terminé.

A esa edad, a los 16 jóvenes, inexpertos e inocentes años, me enamoré perdidamente, como nunca antes lo había hecho (y como nunca lo volví a hacer). Había descubierto que sus brazos eran mi refugio ante todo mal. Él se había convertido en mi más atesorado protector en esta tierra, llena de maldad. Estaba embelesada. ¿Qué mejor nombre para este blog, en el cual expresaba mis más puros, sinceros y transparentes sentimientos de amor hacia Él, que "En Tus Brazos"?

Hoy, casi el doble de vida después, tengo mis brazos vacíos. Y aunque el duelo de esta pérdida tan inmensa recién está empezando realmente; a pesar de que ya no puedo hablar de sentimientos de amor sin ponerme triste por lo que ya no es, quisiera dejar el nombre de este blog tal cual como comenzó... Simplemente como cariñoso homenaje a lo que alguna vez fue la etapa más feliz de mi vida. En sus brazos. Amándolo como creo que nunca más amaré de esa manera a alguien más.

lunes, 23 de agosto de 2021

La palabra Afrontar no me parece tan palpable para esto;

¿"Sortear"? Mñe, demasiado rebuscado;
.
¿"Hacerle frente"? Parecido a lo primero: es como si me quedara parada, paralizada, esperando a que algo hiciera desaparecer todo mágicamente...
.
...pero ATRAVESAR, esa palabra me remite a la acción. Dice que debo empezar en un lado, pero me exige terminar en otro distinto. Me promete que hay un principio, pero también un final.
.
Reconocer que puedo Atravesar la Depresión me da la esperanza de que a pesar de que el camino pueda ser difícil, también puedo refugiarme en la ilusión de que puede haber algo más lindo al final.

Así que acá estoy. Reconociendo y Atravesando. Pero esperando lo mejor.

jueves, 5 de agosto de 2021

—¿Y tu blog? —me preguntó. Recuerdo que estábamos acostados y yo, como siempre, con mi cabeza apoyada en su pecho acogedor. Mi mano estaba entrelazada con la suya, siempre calentita. Una mano grande en comparación con la mía. Tan grande, que casi siempre tapaba la mía por completo.

—¿El blog? Lo cerré. —Le contesté, casi al instante.

—¿Por? —Curioseó.

—Era muy triste. —Recordé. Yo seguía apoyada en su pecho, mirando a la nada con seriedad.

Y no se habló más del tema.

Corría mediados de 2016. Hacía poco que habíamos reconocido que no podíamos seguir separados, e intentamos reconstruir las esperanzas. Recuerdo que en ese momento ya no quería tener en mi memoria lo escrito en este blog hasta entonces.

Ahora, año 2021, con el corazón totalmente roto y las esperanzas definitivamente desaparecidas, me pregunto: ¿Quién mierda era yo para reprimirme de escribir, aunque sea sólo sobre emociones tristes?