viernes, 16 de febrero de 2024

"Vergüenza es llorar y que te vean"

Crecí habiendo aprendido que toda herida es curada por el tiempo, pero nunca creí que pondría tanto a prueba este dicho como en estos últimos momentos... O mejor dicho, en estos últimos años.

Este blog es bien específico así que más allá de que puedo hablar de otras cosas, sé también que puedo darme el lujo de ser irritablemente monótemática y tener acá muy presente, al menos por ahora, a sólo una persona: Tuto.

Sí. No importa toda la gente que haya conocido, todas las palabras de aliento que me hayan dado ni cualquier cualidad o virtud que yo pueda tener; Tuto dejó una herida muy grande, y la angustia que llevo dentro por él, a veces supera cualquier motivo que haya encontrado antes para sentirme mejor.

Wow, qué lujo, ¿no? Enterarte que sos tan importante para una persona, al punto de sufrir por vos durante AÑOS. Que alguien, sin importar lo que haga, sus logros o de qué trabaja, llore por vos literalmente casi todo el día, todos los días. Porque te extraña, porque te quiere y sabe que nunca más va a poder estar junto a vos.

Yo, sinceramente, si me enterara que esto le pasa por mí a alguien a quien yo no quiero... Y, la verdad que pobre, sí, pero sería incómodo. Y como sé que él nunca va a volver... Si no tiene idea de lo que me pasa, mejor. Blog blindado. Lo único que me faltaría es no poder superar un sufrimiento, andar dando pena y encima sentir vergüenza por eso porque la persona que lo causa lo sabe. 

En fin. Cuatro años van a ser desde que nos separamos. CUATRO. Y mientras él comenzó a rehacer su vida pocos meses después de cortar... pasan cuatro años y mientras yo pensaba que la etapa de superación ya había pasado para mí, me encuentro otra vez con que estoy gastando todas las servilletas de papel porque aún moqueo al recordar que no voy a poder volver a apretarle fuerte la mano en público mientras lo miro y sonrío con cara de pelotuda y sin miedo a su rechazo. Lloro en el trabajo, en mi casa, en el transporte público. Lamentable para cualquiera que me vea. Vergonzoso para mí. 

Pero posta. Es como llorar por alguien que falleció. O sea, nunca más poder mirarlo como antes. ¿Es posible llegar a entenderlo? No poder mirar sus ojos color miel al sol, ni contemplar su sonrisa ni la sutil cicatriz de sus labios. He pasado por algunas pérdidas estos años, pero definitivamente esto es distinto, porque yo a él lo consideraba mi familia, el futuro papá de los hijos que hasta entonces quería tener. Yo amaba a mi querido Tuto con el alma. Y casi cuatro años sin poder darle un abrazo a un ser amado es muy doloroso. No poder volver a sentir el calor de su abrazo en momentos de frío; no poder volver a sentir su olor, su aliento, la inexplicable química que nos mantuvo unidos; darme cuenta de que mis hijos (si los tengo) ya no serán hijos de él como siempre soñé, que no tendrán sus rasgos...; Hasta pensar en la posibilidad de olvidarme de su voz. ¿Es posible que una sensación tan horrible se pueda describir? No sé, yo no puedo. No encuentro palabras que puedan explicar todo lo que sentí por él, y todo lo que siento ahora por su falta.

¿Y eso de que el tiempo lo cura todo? Las pelotas. Me la soban las frases clichés. En nada de eso creo ya. Una vez me mordió un perro y aunque la cicatriz casi no se nota, tengo una sensación rara ahí desde entonces; hace poco también me chocó un auto, y a pesar de que la herida también cerró, dejó una marca que sigue siendo muy fea y sigue doliendo cuando la toco, incluso en los alrededores.

El desamor, la desilusión, la frustración, decepción y tristeza que trajo consigo mi desunión con Tuto no fue una mordida en algún músculo, ni siquiera se acerca al golpe que me dieron en la pierna con el choque de un auto que me hizo volar por los aires. Yo siento que los sentimientos por este hombre atravesaron mi pecho de lado a lado de una manera que no puede percibir ningún ojo pero sí el resto de mi cuerpo. Entero. Y los años van a seguir pasando y siento que mientras siga viva, cada vez va a ser peor: la herida va a seguir abierta y horrible y va a doler como la mierda cada vez que la toque para querer sanarla; porque la presencia de este tipo, su marca, la cicatriz que dejó en mi ser, todavía me rompe el corazón. No importa cómo rehaga mi vida, ni con quién decida compartirla. Su recuerdo, esa ilusión desencantada de vivir mi vida con él y con la hija que abortamos... Todas esos sueños hechos mierda y las demás sensaciones me perseguirán como un fantasma hasta que me muera.

No, el tiempo no está curando nada. Así que, después de llorar con todo el mundo, ahora lloro sola (a lo sumo lloro con una sola persona de mi entorno, pero sin darle muchas explicaciones). Porque me avergüenza. Porque estoy tan cansada como los que seguirían disponiéndose a escucharme después de tanto tiempo.

La única con la que sigo permitiéndome quebrar —y porque le pago, meh— es Mari, mi psicóloga. Y ella me mencionó varias cosas... Entre ellas, me quedé con tres:

Primero) Estoy en duelo. Chocolate por la noticia.

—¿Pero cuánto más voy a estar así? Es insoportable —exclamé, con una mezcla de indignación y angustia que ambas podíamos comprender.

Mari tiene más o menos mi edad. Y la diferencia de ella con las demás psicólogas con las que intenté tratarme, es que nunca sentí esa frialdad que impone la distancia del profesionalismo. No es que me da palmadas en la espalda mientras despotrico en el escritorio, pero cada vez que le hablé de situaciones realmente delicadas de mi vida además de Él, como maltratos, abusos, el aborto e ideas de suicidio... No es que ella mientras tanto apoyaba sus manos entrecruzadas a sus piernas y ya. Mari se acerca en el escritorio, rompe esa barrera de distancia de la que hablo, pero sobre todo noto su empatía, no sólo en los rasgos de su cara, sino en su mirada. Más de una vez me dejó contarle hasta la última palabra con sus ojos llenos de brillo, a veces inyectados en sangre.

Y yo sabía que mi psicóloga venía entendiendo que yo estaba harta de sentir todo lo que le describía. Comprendía mi indignación y angustia.

—El duelo es distinto para cada uno. —siguió ella después de mi pregunta—. Hay tantos tipos de duelo como personas en el mundo. Para unos puede durar durar algunas semanas (qué envidia), para otros puede durar algunos meses... Y a otros más, nos lleva algunos años.

Segundo) El duelo, además, no es un proceso lineal. No es como una escalerita que se sube cómodamente para llegar hasta arriba. Puede que un día me sienta bien y disfrute hasta de ver un pajarito pasar, que me sienta en lo más alto. Pero también puede pasar que otro día me sienta pésimo, a tal punto que no quiera ni despertarme, ni levantarme, ni hacer algo tan simple como cepillarme los dientes.

Tercero) Esta parte fue la que llamó un poco más mi atención. Estábamos hablando del miedo, entre otras cosas.

—¿Vos le diste realmente bola a lo que sentís y a todo lo que pasó? —me preguntó.

Mi cara quedó en modo avión.

—Sí. No hablo de simplemente reír o llorar. —siguió Mari—. Hablo de reconocer lo que te pasa y hacerle frente si ves que no está bueno.

Le expliqué que obviamente intenté todo.—¿Pero cómo hago para hacerle frente? —le volví a cuestionar, casi rogando —. Hago de todo pero al final no me sale hacer otra cosa más que llorar porque estoy estoy triste, o angustiada... O enojada (reconocer esto último me hizo enojar más, pero es para otro post/sesión).

—Puede pasar que hay acontecimientos que no podemos o no queremos reconocer ni ver en profundidad por miedo a los sentimientos que te generarían. Y la tristeza, por ejemplo... —Yo sentía la cara roja y trataba de tragar la congoja —Liza, es difícil atravesarla, pero hay que hacerlo para poder superarla.

"¿Cómo mierda hago para salir de todo esto?" —Pensé. Pensé en toda la gente que conocí y todo lo que hice desde que Tuto y yo nos separamos. Todo en un segundo, para ver si podía contestarle algo. Para ver si podía darle un ejemplo de que hubo algo que haya funcionado al 100%. Pero no pude. Sólo pude asentir a lo que ella acababa de decir mientras yo me secaba las lágrimas. Me sentía tan blanda, tan débil. Tan boluda. "¿Es posible seguir sufriendo por alguien que ya NO me quiere? La concha de la lora." —Puteaba en mis adentros. Me puteaba a mí. A la situación.

—Además de hablar con alguien de vez en cuando —siguió ella ¿hay otra cosa que hagas donde puedas reconocer y descargar lo que te pasa?

Y recordé este blog, obvio.

La diferencia está en que claro, no escribo todos los días porque no tengo ganas de angustiarme frente a la PC por recordar cosas dolorosas al teclear párrafos y párrafos de memorias larguísimas de un amor imposible, prohibido y frustrado. Es decir, sí, todos los días pienso, todos los días esos pensamientos, esas palabras y frases de recuerdos se entrelazan como una maraña, dando vueltas en mi mente hasta hacerme doler la cabeza y hasta el corazón. Pero pocas veces me volví a animar a sentarme a escribir estas palabras, a ordenarlas, porque sabía que hacerlo implicaría esto justamente: recordar... y por consiguiente, sufrir. Llorar. Y no estaba dispuesta, o estaba harta de sentir esta angustia que realmente me cansa y me avergüenza, lo juro, me irrita. No la quiero sentir. Y menos que me vean así después de tanto tiempo.

Pero la psicóloga me propuso algo más, y lo tomé: ver si escribir más seguido acá me sirve.

Tal vez para otro pueda ser una conclusión pelotuda, predecible, pero ¿Y si me sirve? Tal vez seguir escribiendo seguido me ayude a seguir adelante, a descargar, o simplemente saber que no tengo que hacerme la boluda con lo que siento. Aceptar que soy sensible y no darme con un látigo por eso, reconocer que me angustio, tomar esa angustia con paciencia, sublimarla de una manera sana...  Ver qué puedo hacer con los otros mil etcéteras que seguro van a surgir.

Básicamente, si quiero aceptar con amor que no volveré a estar al lado de Tuto (acá empieza la angustia fuerte de la que hablé antes); si quiero soltarlo y aceptar en paz que hoy comparte su vida con otra mujer (angustia se agranda más, LPM, no puedo escribir tranquila), aceptar que tal vez yo simplemente fui un puente para que él llegue a ella, que seguro, sí sea la madre de sus hijos (y esta es la parte donde paro de escribir unos minutos porque no puedo).

Si quiero superar este sufrimiento insoportable, vergonzoso, inútil... Podría empezar a escribir no sólo sobre él, de los recuerdos buenos y malos... sino también de las personas que aparecieron en todo este camino que siguió, que me distrajeron un rato de todo este pesar, o me ayudaron.

Aunque no pueda sentirlo así en este momento, Tuto no fue TODA mi vida. No es mi presente. 99,9% no será ni cerca de mi futuro, no lo sé. No sé si estoy preparada para saberlo si así pudiera. Y debo reconocer que está bien. Tengo mis dos piernas, debo seguir adelante. Está bien.

No puede ser que la vida se trate sólo de lágrimas y angustia. No puede ser. No es justo. Con él tuve las ganas de vivir, fluir y proyectar como no pude hacerlo nunca más con nadie. Pero tiene que haber alguien más con quien pueda sentir lo mismo, o al menos parecido... Y si no, tengo que encontrar la manera de sentirme bien proyectando mi vida sola, reconociendo que en realidad, nunca lo estuve porque hay mucha gente que me quiere y me quiere en su vida, y quieren verme feliz y avanzando.

Voy a tratar. Debo esforzarme. Aunque ahora mismo piense y sienta que no tengo nada más que perder.

jueves, 11 de enero de 2024

Blindaje

No sé si cada vez que leyó un post mío fue porque hizo alguna tramoya para recibir notificaciones para ver cuándo publicaba en este blog.

No sé si fue que entraba cada tanto para ver si de casualidad encontraba qué era de mi vida en su ausencia, o si simple y casualmente encontraba un post nuevo justo cada vez que entró.

No lo sé. Nunca voy a saberlo. Pero más allá de las cosas que siento, que sigo sintiendo, quiero seguir alojándolas en este espacio que alguna vez fue de él porque su recuerdo también forma parte de mi presente, y lo quiero conservar. Este lugar, junto a mi terapeuta, es el único donde puedo sentirme transparente al 100%, sin miedo a que me juzguen. Puedo sentirme vulnerable, sin miedo a que me lastimen.

Tuto había sido la primera y única persona con la que me había animado a exponerme por completo, con total confianza y sin reservas al amor. Por profundo amor, el más puro e inexplicable amor que una persona puede sentir por alguien, le mostré mi vulnerabilidad a flor de piel y abracé sus manos para poner mi corazón allí, totalmente enamorada, totalmente segura de que me cuidaría.

Pero terminé tan lastimada (sé que él también, y lo siento), que las heridas aún siguen abiertas y sangran con cada latido.

Así que este blog es prácticamente mi vida entera. Como él lo ha sido. Lamentablemente él ya no forma parte de mi presente hace mucho. Ya pasó un tiempo considerable. Y tiene otro corazón en sus manos.

Voy a guardar estas lágrimas y este corazón en este blog, que nació junto a la hermosa ilusión de que Tuto sería el hombre de mi vida.

lunes, 30 de octubre de 2023

Telepatía frustrada

Me pasa de la nada. Puedo estar haciendo cualquier otra cosa, y de repente me invade esa sensación inexplicable. Me doy cuenta de que tengo la mirada perdida. Si lo pudiera traducir en palabras, sería algo así como "¿Me llamaste? Porque te siento."

Así me pasa algunas veces. Contadas veces. Y cuando me doy cuenta, sigo con lo que estaba haciendo, pensando en que soy yo... Otra vez con mis giladas.

El pasado fin de semana largo me volvió a pasar.

Simple y llanamente, la imprudencia de un conductor hizo que me chocara con su auto. Me levantó y caí muy fuerte, dándome la cabeza contra el cordón de la calle.

No llegué a desmayarme y tuve la lucidez suficiente para sentir todo lo que implica que un auto acelerado te lleve puesta. Lo que más recuerdo es haber caído en la cuenta de todo lo que estaba dentro de mi cráneo, que se movía en un vaivén gelatinoso y con un dolor que no recuerdo haber sentido antes.

Pero estaba en shock. Cerré los ojos porque me di cuenta de que no podía ver la luz del día, me dolía; porque no podía conectar mis pensamientos con mi lengua para emitir respuesta a los que me preguntaban si estaba bien. Pero sobre todo porque es verdad: durante unos segundos, sin quererlo, pensé en todos los que amo y que alguna vez amé... Especialmente en el último.

Entre la mezcla del dolor físico y el shock, pude pensar algo así como: "Te siento fuerte. Ojalá pudieras llegar a sentirme igual, porque quiero que sepas que te quiero y que nunca lo voy a dejar de hacer."

Al segundo siguiente pude abrir los ojos, vi la luz blanca del día, los sonidos volvieron a mis oídos. Les pude contestar a quienes me hablaban.

Después me vino a buscar la ambulancia. Y mientras estaba acostada en la camilla de la guardia con el cuello ortopédico, y todo el cuerpo lastimado y golpeado, pensaba llorando en que el porrazo me había desacomodado las ideas y que tenía que dejar de pensar en cosas tan trilladas.

jueves, 13 de abril de 2023

Ayudame a sobrevivir, tío.

El 11 de octubre del año pasado, 2022, mi tío falleció. El que me vio nacer, crecer junto a mis primas, al que recibía cada vez que él llegaba de trabajar mientras yo jugaba con mis primas. El que quiso cuidarme en mi adolescencia cuando me puse de novia. El que se emocionó cuando me abrazó en mi fiesta de 15 años.

No lo volvería a ver nunca más.

El día de su velatorio, quise escribirle unas palabras, pero no podía. Las horas pasaban y la ansiedad iba llegando: "Debés hacerlo. Ahora." Así que agarré mi celu y empecé a tipear.

Pero los malditos síntomas empezaron a aparecer. Eso era a lo que temía. Los reconocía. Primero, el temblor de mis dedos no me dejaba escribir; después, empecé a quedarme sin aire, sentía que los pulmones dejaban de funcionarme. Un dolor inexplicable punzó hondo en mi pecho y las lágrimas enceguecieron mis ojos.

Traté de ir lo más silenciosamente hasta mi hermana menor. "Por favor, ayudame" recuerdo que le dije con un hilo de voz entrecortada... Pero para entonces ya era tarde. No me acuerdo qué pasó en el mientras tanto ni poco después.

Esa fue la primera vez que me dio un ataque de pánico en público. Y ahora, escribiendo estas líneas, me doy cuenta de la frialdad con que fue visto el tema en ese momento... Y no paro de pensar: "¿Habrán creído que actué?". Sí. Y lo pienso con vergüenza, de verdad lo pienso, porque me doy cuenta de que hay tanta ignorancia referida sobre la salud mental, que si te pasa algo así... Una de dos: o no te creen, y si te creen, en general piensan que estás loco.

El 18 de diciembre de ese mismo año intenté suicidarme por segunda vez. Me internaron en una clínica psiquiátrica y cuando salí de alta, me enteré de que cuando había entrado a la clínica una tía muy cercana jugó al 22 en la lotería.

Desde entonces me di cuenta de que no importa cuánto pueda explicar sobre lo que me pasa, sólo entenderán los que quieran entender. Y no importa cuánta sea la compañía que necesite, la mayor y mejor compañía que tenga debo ser yo misma.

Y lo digo con un nudo en la garganta, porque aún hay días donde pensamientos negativos todavía invaden mi mente junto a sentimientos tan desagradables que siento que se me vacía el pecho. Que se me me vacían las baterías... las ganas. Hasta empecé a fumar.

Pero hay otros días.

Cuando salí del alta de la clínica psiquiátrica (donde vi las cosas más horrorosas de mi vida), fue la primera vez que pude disfrutar sinceramente de un atardecer. Por primera vez saboreé con ganas un café con leche. Me puse contenta de poder comer un chocolate.

Y a pesar de que sigo yendo a la psiquiatra, de que todos los días me cuesta muchísimo levantarme como nunca antes, jamás tuve tan presente la palabra LUCHA como en estos momentos.

Mi sobrinita es la razón de mi existir. Mis hermanas, mis viejos... Mis viejitos, cuya compañía es una bendición en estos días; mis amigos; mis ambiciones, mi carrera (esto último va lentísimo, pero va...). Todo esto son puntapiés para estar mejor.

Hace una semana empecé con una psicóloga nueva. Hoy fue la segunda sesión y me pidió por favor que me tuviera paciencia. Que sea tolerante conmigo misma. Que estoy haciendo un montón considerando que todo fue tan reciente. Por primera vez me sentí comprendida y salí tan conmovida que es la primera vez que lloro mientras escribo estas líneas recordándolo. Ni la medicación psiquiátrica sirve para contener el llanto en momentos de tanta conmoción.

Ahora, al llegar, encontré la casa sola.
Me serví un vaso con coca y fui al balcón. Ya hacía frío así que me abrigué, prendí un cigarrillo... Pensé en mi tío otra vez. Y pensaba.

"Esta mierda se llevó a mi tío." Pensé mirando al pucho. Y también recordé a María, mi psicóloga: "Tenete paciencia"...

Exhalé humo y dije en voz alta: "Ayudame, tío". Miré hacia arriba como allí estuviera la respuesta a todo.

Después de eso, volví a entrar todo, puse la coca al lado de la PC, y me puse a escribir este post.

domingo, 18 de diciembre de 2022

Depresión campeón mundial

 Nuca fui muy fanática del fútbol. Recuerdo que una vez estaba tomando la siesta con mi mamá en el primer tiempo pensando en que Argentina ni siquiera pasaría la fase de grupos... Pero paulatinamente la ilusión se fue agigantando, hasta hoy.

Por no decir AÑOS, debo reconocer que hacía mucho tiempo no había sentido una felicidad como la que sentí cuando Argentina había sido proclamada campeón del mundo. Pero no por ser un equipo de fútbol, sino porque me fui dando cuenta que esta pasión nos unía a todos como argentinos. Dejaron de existir banderas políticas, de religión. Los de River admiraban a los de Boca. No había estandarte que no fuera el del orgulloso patriotismo de ser argentino. Y yo no había presenciado algo así en mi vida. La alegría fue contagiosa. La sentí...

Pero fue efímera.

Todo se derrumbó en plena fiesta. Volví con lágrimas angustiosas caminando desde el Obelisco hasta mi casa. Los que festejaban chocaban contra mis hombros y así y todo nunca me sentí tan lejos de toda esa algabaría. Otra vez me sentí encerrada en una burbuja negra que sólo distorsionaban las luces de los semáforos y me hacían ver los festejos en cámara lenta. Como si el deseo (ya rendido) por sentir lo mismo quisiera tomar las últimas fotografías de lo que sucedía.

Hoy ganó Argentina. Pero debo reconocer que yo perdí. Lo reconozco secándome las lágrimas con la camiseta del país donde nací, al que amo, por el cual me hubiera gustado hacer algo.

Pero estoy cansada de luchar contra algo que me derriba todos los días.

Lo único que deseo es que por favor me comprendan. Que por una vez me comprendan y no se enojen conmigo. Prometo que busqué todos los caminos para encontrar la paz. Hice mil cosas para sentirme bien conmigo misma. Pero de verdad y lo lamento, no lo consiguí. Yo perdí.


Sólo deseo abrazar muy fuerte a mis hijitas. Volver a encontrarme con ese amor que siento que nunca volveré a encontrar en este plano.

Y si nada de eso existe, entonces la nada misma prefiero antes que seguir soportando todo esto.

Es el deseo de alguien que se cansó de pelear.

Quiero descansar.

miércoles, 2 de noviembre de 2022

La gota que derramó el vaso - parte II

     Hace un par de meses —re poquito, considerando que vengo haciendo teniendo terapia hace años— cambié de psicóloga. Hago terapia desde 2017 y más o menos en junio de este año dije basta. Había llegado a un tope y seguía en el mismo lugar desde hacía mucho, no avanzaba y me cansé. Necesitaba seguir adelante... Y así fue como encontré a Micaela.

    Hasta ahora venía todo OK. Es decir, yo había empezado esta nueva terapia aclarando que hay cosas de mi pasado que no puedo superar y que era por eso específicamente que quería empezar de nuevo... Pero con Mica siempre terminé hablando de mi presente. Era lo que me nacía. No hablaba de mi adolescencia, de la relación con mis padres ni de mi ex, y aunque ella mencionó que podríamos hablar del tema cuando yo esté preparada, la sesión siempre terminaba centrándose en sentimientos que me atravesaban desde el momento presente. Nunca recordando el pasado.

    Hoy, miércoles, teníamos pactada la sesión a las 21 hs. Pero ayer, más allá de que venía sensible por otras cosas, hice algo muy irresponsable afectivamente, y masoquista de mi parte.

    Esa fucking voz en mi cabeza: "Lo extrañás. Dale, fijate su perfil. Fijate cómo anda, si está bien."

    Obvio. En general las personas siempre "están bien" en las redes sociales. Y obvio, él parecía estarlo, y encima estaba igual de atractivo que siempre. Ya empecé a suspirar pensando en que sí, en efecto seguía extrañándolo.

    Pero el diablo de mi hombro izquierdo ganó a tal punto que terminé en el perfil de su novia. ¿Con qué necesidad? ¡¿Con cuál?!

    La voz en mi cabeza, cual Satanás extasiado de que Eva haya comido el fruto del mal, empezó otra vez:

"Mirá lo hermosa que es en comparación a vos."

"Obvio. ¿Cómo no iba a irse con ella, con todas las virtudes que tiene?"

"Menos mal que no se quedó con vos. No sólo NO tenés sus virtudes físicas sino que ENCIMA sos una ignorante en comparación a ella."

    Me enojé conmigo misma. "Soy una pelotuda" empecé a decirme, llorando.
    Lo más inmediatamente posible, no sabía si serviría para más adelante, pero bloqueé su perfil, el de ambos, y cerré la pestaña de la PC. Pero ya era tarde. Las lágrimas calientes caían por ambas mejillas en chorros gigantes. Sentía cómo toda la piel de mi cara se hinchaba por el llanto, y se me nubló toda la vista... Pero ya no era por las lágrimas nada más.

    "Mica —le escribí por mail—. Sé que tenemos sesión mañana y prometo que jamás me pasó tener que pedir esto, pero necesito que hablemos cuanto antes. Estoy por colapsar."

    La estupidez de mi acto hizo que otra vez de mi cuerpo se apoderaran unas de las sensaciones más horrorosas que puede tener una persona. Las lágrimas sólo son el incipiente comienzo, pero después vienen los temblores en ambas manos, incontrolables, y un dolor tan punzante en el pecho que te hace sentir que vas a tener un infarto, un dolor acompañado de la sensación de que te están aplastando el tórax hasta dejarte sin aire. El cuello se me había cerrado. Me estaba ahogando. Dejé de ver todo. Todo se tornó negro y sólo escuchaba mis gritos.

    El ataque de pánico duró lo que duraron los intentos de Mica por comunicarse conmigo, más o menos. Fueron unos minutos que para mí fueron una eternidad, y mis compañeras de departamento me ayudaron, conmigo teniendo la sensación de que estaba poseída, tirada en el piso, sin poder controlarme, desbordada.

    Lo que vino después fue encontrar un montón de llamadas perdidas de mi psicóloga. Agotamiento mental y físico. A mi compañero de trabajo bancándome a la distancia diciéndome que por favor descanse e intente dormir. Mojar toda la almohada con lágrimas cuando finalmente pude hablar unos minutos con mi terapeuta.

    "Estoy agotada, Mica" —le expliqué, ya más tranquila pero sin poder dejar de llorar. Pero no me refería al agotamiento físico que seguía teniendo. 

    A lo que refería es que estoy agotada de tener que pasar por todo esto. De que no deje de afectarme. De no poder tener una vida normal más allá del estrés del trabajo y el estudio; de creer que lo estoy superando hasta que el deseo de morirme arrasa con todo mi ser otra vez. Una y otra vez.

    Después de la charla y la siesta, decidí tomar fuerzas. Delineé mis ojos hinchados, y aunque mis compañeros notaron que algo me pasaba, pude ir a clase y distenderme un poco.

    En poco más de una hora, voy a tener una nueva sesión con Micaela. No, no estoy preparada para lo que se viene, pero ya no puedo patearla más. Tendré que tomar fuerzas. Porque esta no va a ser una sesión fácil.

La gota que derramó el vaso - parte I

    Recuerdo lo fácil que se me hacía escribir. Era uno de mis hobbies preferidos junto con tocar el piano y leer. Leer un montón.

    Ahora... ¡Qué difícil se hace volver a conectar mis manos con mi cabeza para volver a teclear! Apenas sí tengo tiempo para leer por ocio en las noches antes de dormir (si es que no me vence el cansancio en el intento)… ¿El piano?... Tristemente viene siendo historia hace años.

    Sin embargo, casi todos los días pienso en este blog. Pienso en las ganas de volcar los sentimientos que tuve, que estoy teniendo y las cosas que me sucedieron durante el día. Y no solamente por mero gusto al arte, eh —sí, por suerte el amor por escribir no se fue— sino también porque soy consciente de que escribir es una forma de canalizar sentimientos, dejarlos ser, y muchas veces, hasta de dejarlos ir si veo que me hacen mal. 

    Entonces siempre terminaba los días acostada, deseando haber escrito todas esas palabras desordenadas pero nítidas en mi cabeza. Me quedaba con todo eso dentro. No escribía.

    Lo que sí reconocí después, es que este último tiempo, todos los baches que tuve entre cada post fueron porque justamente quise evitar todos estos sentimientos feos. Escribir sobre algo implica recordar... Yo yo quería evitar recordar a toda costa. Quería evitar volver a vivenciar.

    Y eso tuvo una consecuencia gravísima.