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lunes, 30 de octubre de 2023

Telepatía frustrada

Me pasa de la nada. Puedo estar haciendo cualquier otra cosa, y de repente me invade esa sensación inexplicable. Me doy cuenta de que tengo la mirada perdida. Si lo pudiera traducir en palabras, sería algo así como "¿Me llamaste? Porque te siento."

Así me pasa algunas veces. Contadas veces. Y cuando me doy cuenta, sigo con lo que estaba haciendo, pensando en que soy yo... Otra vez con mis giladas.

El pasado fin de semana largo me volvió a pasar.

Simple y llanamente, la imprudencia de un conductor hizo que me chocara con su auto. Me levantó y caí muy fuerte, dándome la cabeza contra el cordón de la calle.

No llegué a desmayarme y tuve la lucidez suficiente para sentir todo lo que implica que un auto acelerado te lleve puesta. Lo que más recuerdo es haber caído en la cuenta de todo lo que estaba dentro de mi cráneo, que se movía en un vaivén gelatinoso y con un dolor que no recuerdo haber sentido antes.

Pero estaba en shock. Cerré los ojos porque me di cuenta de que no podía ver la luz del día, me dolía; porque no podía conectar mis pensamientos con mi lengua para emitir respuesta a los que me preguntaban si estaba bien. Pero sobre todo porque es verdad: durante unos segundos, sin quererlo, pensé en todos los que amo y que alguna vez amé... Especialmente en el último.

Entre la mezcla del dolor físico y el shock, pude pensar algo así como: "Te siento fuerte. Ojalá pudieras llegar a sentirme igual, porque quiero que sepas que te quiero y que nunca lo voy a dejar de hacer."

Al segundo siguiente pude abrir los ojos, vi la luz blanca del día, los sonidos volvieron a mis oídos. Les pude contestar a quienes me hablaban.

Después me vino a buscar la ambulancia. Y mientras estaba acostada en la camilla de la guardia con el cuello ortopédico, y todo el cuerpo lastimado y golpeado, pensaba llorando en que el porrazo me había desacomodado las ideas y que tenía que dejar de pensar en cosas tan trilladas.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Afinidad que no se termina.

El momento de despedirse había llegado demasiado rápido. Estaba segura que apenas dos horas de poquitos abrazos jamás serían suficientes para descargar todo el cariño que acumulé durante las más de dos semanas que no pude estar con Él.

Los colectivos venían uno detrás del otro, pero nunca el que tenía que tomarme. Era como si al principio algún ente externo supiese mi deseo de no irme nunca... pero no había diferencias, de todas formas los minutos estaban pasando como segundos.


Por primera vez en toda la noche, tomé su mano con vergüenza e inseguridad, lo abrazaba cuanto podía y besaba su cara sabiendo que no me animaría a llegar a su boca. Al saber que de nuevo tendríamos que separarnos, sentía cómo la tristeza venía en forma de lágrimas queriendo salir de mis ojos... por eso a veces esquivaba los suyos, tenía miedo de desbordar cualquier signo de debilidad con su mirada. Tenía miedo de mirarlo y a veces hasta cerraba los ojos por miedo a terminar mirando sin querer sus labios mientras hablaba.

Me refugié en un abrazo, en un beso que nunca llegó a donde yo hubiera querido, y Él lo supo:

- Estás así porque no sabés cuándo nos vamos a volver a ver, ¿no?


Una sonrisa que no fue de felicidad precisamente, se curvó en mi cara cuando escuché eso, y asentí. No pude evitar mirarlo e inevitablemente empecé a verlo borroso.


- ¿De verdad? ¿Estabas pensando en eso? -volvió a preguntarme. Y no me acuerdo cómo se lo reafirmé. Sólo que me sentía muy acongojada como para poder decirlo en voz alta sin que se note lo que me pasaba.


- Te juro que lo sentí. -sonrió Él- ¿Cómo se llama eso...? Telepatía.


En parte volviste a sorprenderme, pero en otra gran parte, la verdad no. Siempre terminás enterándote hasta cuando estoy pensando en que muero por darte un beso.

lunes, 25 de enero de 2010

Telepatía

No tengo cable, soy pobre y me conformo viendo las películas de Estreno en Telefe.
Anoche estaba viendo Sin Reservas, una peli que como no es raro, no ví desde el principio y de la que sólo entendía muy pocas partes por completo.
Los protagonistas se besaban, se miraban con ternura, hacían cosas juntos y se otrogaban compañía mutua... entonces no pude evitar recordarlo.
En plenos comerciales me puse boca abajo sobre mi cama abrazando a mi almohada y a mi peluche significativo... muy nostálgica. Pensaba en lo obvio, y el hecho de haber visto esa peli me hizo extrañarlo más, ese tipo de películas siempre provocan ese efecto en mí.

Lo único que falta es que ahora, luego de dos días sin contestar mis SMS's, me mande un mensaje - pensé. Y tan solo unos increíbles segundos después, vibró mi oreja por encima de mi almohada. Apreté el botón del celular con ojos incrédulos, y sí, era quien esperaba que sea. No me dijo ni "te amo", ni "te extraño" ni todas esas cosas casuales. Lo que me gusta de él es que siempre me sorprende al decirme cosas innovadoras pero sutiles, intensas y muy tiernas... me sentí feliz, nostálgica, triste a la vez. Quería estar con él.

(después me acusás de bruja a mí... incluso estando a centenares de kilómetros logramos contactarnos telepáticamente, ja. Como te acabo de decir en el SMS de hoy: Qué manera mas linda que tuviste anoche para leerme la mente y acudir a mi llamado insconscientemente).