"Al día siguiente, le dije que quería el divorcio. Ella preguntó por qué.
-Porque te amo. Amo a nuestro hijo, y todo lo que he hecho es culparlos a ustedes dos por haber abandonado mi sueño de ser ingeniero. Si hubiésemos esperado, las cosas habrían sido diferentes, pero tú solo pensaste en tus planes; olvidaste incluirme en ellos.
Athena no reaccionó, como si se lo esperase, o como si, inconscientemente, estuviese provocando esa actitud.
Me levanté y le di un largo y último beso. Me hospedé en un hotel barato y me quedé esperando todas las noches a que ella me llamase para pedirme que volviera, recomenzar una nueva vida; incluso estaba dispuesto a seguir con la misma vida si era necesario, ya que el hecho de apartarme de ellos me había hecho darme cuenta de que no había nadie ni nada más importante en el mundo que mi mujer y mi hijo.
Una semana después, finalmente recibí su llamada. Pero todo lo que me dijo fue que ya había recogido sus cosas y que no pensaba volver.
Después de nuestra separación y del inmenso sufrimiento que la siguió, me pregunté si realmente no había sido una decisión equivocada, inconsciente, propia de personas que han leído muchas historias de amor en la adolescencia, y que querían repetir a toda costa el mito de Romeo y Julieta. Cuando el dolor se calmó -y sólo hay un remedio para eso, el paso del tiempo-, entendí que la vida me había permitido conocer a la única mujer que sería capaz de amar en toda mi vida. Cada segundo a su lado había valido la pena; a pesar de todo lo que había sucedido, volvería a repetir cada paso que había dado.
Una vez, en una de las ocasiones que la vi al ir a buscar a mi hijo para pasar el fin de semana conmigo, decidí tocar el tema: le pregunté por qué se había mostrado tan tranquila cuando supo que yo quería separarme.
-Porque he aprendido a sufrir en silencio toda mi vida -respondió.
Entonces me abrazó y lloró todas las lágrimas que le gustaría haber derramado aquel día."
Es un fragmento de "La Bruja de Portobello", de Paulo Coelho. Por alguna razón -una razón muy evidente, diría yo- cada uno de estos renglones me hizo temblar de emoción.
lunes, 28 de enero de 2013
"Pero Athena siguió, como si no me escuchase:
- Sólo soy feliz cuando pienso que Dios existe y me escucha; eso no basta para seguir viviendo, y nada parece tener sentido. Intento mostrar una alegría que no siento, escondo mi tristeza para que no se inquieten los que tanto me aman y se preocupan por mí. Pero recientemente he considerado la posibilidad del suicidio. Por la noche, antes de dormir, tengo largas conversaciones conmigo misma, y pido que se me vaya esta idea de la cabeza: sería una ingratitud hacia todos, una fuga, una manera de expandir tragedia y miseria por la tierra. Por la mañana vengo aquí a pedir que me liberen de los demonios con los que hablo por la noche. Me da dado resultado hasta ahora, pero empiezo a flaquear. Sé que tengo una misión que he rechazado durante mucho tiempo, y ahora debo aceptarla.
Esa misión es ser madre. Tengo que cumplirla, o me voy a volver loca. Si no puedo ver la vida creciendo dentro de mí, no podré aceptar la vida que está afuera."
Es un fragmento de "La bruja de Portobello", de Paulo Coelho.
- Sólo soy feliz cuando pienso que Dios existe y me escucha; eso no basta para seguir viviendo, y nada parece tener sentido. Intento mostrar una alegría que no siento, escondo mi tristeza para que no se inquieten los que tanto me aman y se preocupan por mí. Pero recientemente he considerado la posibilidad del suicidio. Por la noche, antes de dormir, tengo largas conversaciones conmigo misma, y pido que se me vaya esta idea de la cabeza: sería una ingratitud hacia todos, una fuga, una manera de expandir tragedia y miseria por la tierra. Por la mañana vengo aquí a pedir que me liberen de los demonios con los que hablo por la noche. Me da dado resultado hasta ahora, pero empiezo a flaquear. Sé que tengo una misión que he rechazado durante mucho tiempo, y ahora debo aceptarla.
Esa misión es ser madre. Tengo que cumplirla, o me voy a volver loca. Si no puedo ver la vida creciendo dentro de mí, no podré aceptar la vida que está afuera."
Es un fragmento de "La bruja de Portobello", de Paulo Coelho.
lunes, 7 de enero de 2013
... sonríe porque sucedió
Siempre me caractericé por ser sensible. A mí me encanta ser cariñosa con la gente que quiero: me gusta dar abrazos cada vez que puedo hacerlo, ser abierta, expresiva y transparente. No me gusta guardarme ningún sentimiento, me encanta decir "te quiero" cada vez que lo sienta... pero ya hace bastante tiempo me di cuenta de que no puedo hacerlo siempre, tanto como quiero ni como quisiera hacerlo, porque la mayoría de las personas que conozco no son tan abiertas y cariñosas como a mí me gusta serlo, o simplemente porque noto que no les gusta la idea de ser tan expresivas.
Muchas veces recibí hasta cargadas por ser de la manera que soy. Cuando me ponía mal por no recibir el mismo cariño que yo daba, muchas veces sonreían diciéndome que eso sólo era "cosa de mujeres"; más de una vez me compararon con Mónica Geller, la obsesiva de la serie Friends que sólo quiere casarse y tener hijos, comparándome también con Susanita, una nenita de seis años, amiga de Mafalda, y que también sueña siempre con casarse...
Y sí, es cierto y lo reconozco, siempre quise casarme, siempre quise y sigo queriendo tener hijos algún día. ¿Pero por qué tengo que estar siempre tan limitada por la frialdad de los demás? Últimamente noto que se me ríen en la cara cuando trato de demostrar mis sentimientos, o mis deseos de formar una familia feliz: ¿Por qué? ¿Tan poca proyección tienen todos últimamente? ¿Y por qué está tan mal visto tratar de ser cariñosa con quienes uno ama? ¿Por qué a veces llega a ser incómodo darle un abrazo a quien realmente querés? Y no hablo de estar colgado todo el día como koala al otro, ni estar obsesivamente todo el tiempo diciendo "te quiero" a cada rato; me refiero a cosas que no se dicen con palabras, a sentimientos que se transmiten desde el corazón, no necesariamente hablando. Me refiero a esa conexión que tenés con la otra persona hasta cuando no estás con ella; a mirarse a los ojos y saber lo que el otro está pensando; a ese tipo de amor me refiero... y siento que eso ya es muy difícil de encontrar.
Así y todo, yo sigo firme, y al final sigo tratando de que la gente fría no limite lo que siento. Muchas veces miento diciendo que estoy bien cuando en realidad no lo estoy, sí, pero no voy a dejar de llorar cuando la gente me diga que soy una boluda al hacerlo, porque así lo siento, y porque esa sigue siendo la única forma de canalizar mis sentimientos como quiero, además de escribiendo; no me importa que la gente me diga que soy una boluda por seguir enamorada de la misma persona, o que me digan que soy una boluda por ser tan "cursi" o "sentimental", y también me parece ridículo que digan que soy una boluda cuando no "aprovecho la oportunidad" de estar con alguien más por serle fiel a algo que según los demás es un recuerdo y listo.
Y opino así, primeramente porque después de todo mi vida es Mi Vida, y yo soy la única que decide qué hacer con ella a pesar de que me duela todo lo que los demás me digan...; pero principalmente opino así porque sé que en el fondo todas las personas sienten lo mismo que yo, pero es que se dejaron llevar tanto por la amargura, que no dejan salir afuera todo lo hermoso que sienten, que, estoy segura, es bastante. Opino que todos tenemos un motivo por el cuál vivir, una meta qué alcanzar, pero creo que nadie se sentiría completo si les falta alguien con quién compartir todos sus logros y pesares. No importa cuán lejos uno llegue, no importa cuán rico uno sea, si no tiene alguien con quién compartir amor, al final termina no teniendo nada... y por eso el amor es tan deseado, por eso lo buscan tanto.
Yo me di cuenta de que no había encontrado nunca el llamado "Verdadero Amor", hasta después de enamorarme de vos. En mi el mayor punto de mi ingenuidad, creí que había estado loca de amor por alguien, pero me di cuenta de que lo que llegué a sentir antes está tan lejos de lo que siento ahora por vos, que no se puede comparar con nada. Si antes con otra persona creía que tenía cientos de razones para vivir, habiéndome enamorado de vos encontré miles, mucho más fuertes e incomparables razones más, es como que al darme cuenta de lo que era estar enamorada de vos, supe que no tendría nada más que buscar, te tenía ahí conmigo, fuiste lo mejor que la vida me había regalado, y eso me bastaba y me sobraba para seguir, te tenía conmigo compartiéndote mi vida, dándote todo incondicionalmente. Nada más me faltaba.
Tuvimos un montón de dificultades, pero el amor que sentíamos terminaba siendo más fuerte que cualquier adversidad y siempre estuvimos juntos, nunca soltaste mi mano...
Hace un tiempo, cuando finalmente dicidiste irte, empecé a valorar todo lo que me habías dado de una forma que claramente no había hecho antes. Era como extrañar tu casa en una isla desierta, o como querer que haya sol en medio de un temporal. Como querer agua en medio del desierto... empezar a extrañarte en ese momento fue más fuerte, incluso, que la angustia que sentí cuando mi abuela falleció, cuando me di cuenta que no la volvería a ver más... porque era darse cuenta que estaba en un punto inexorable y sin retorno, muy parecido a la muerte, a algo que había muerto.
Y sin embargo, acá estoy. Todavía secándome las lágrimas, sí... lo dije antes. Pero con una sonrisa al menos, porque sé que definitivamente vos fuiste quien dejó una marca enorme en mi vida, sin importar lo que los demás digan, porque ninguno de ellos estuvo en nuestros zapatos. Y no me refiero a esa marca que uno nota tener con amargura o resentimiento, de esas que uno quisiera no recordar; sino una huella llena de luz, una que quisiera que nunca se borre, como la que dejó mi abuela.
Agradezco cada abrazo que me diste, cada apretón de manos, cada mirada tuya que puedo seguir contemplando las pocas veces que ahora puedo verte, y cada cosa que todavía podemos decirnos sin hablar mientras nos miramos; cada risa que tuvimos la agradezco, cada anécdota, cada uno de los besos que nos dimos y todas las sensaciones que sentí al recibirlos. Estoy tan agradecida con la vida de que te hayas cruzado en mi vida en aquel cumpleaños, tan, TAN infinitamente agradecida de que hayamos tenido la oportunidad de habernos enamorado, de haber sentido este amor tan fuerte por alguien como JAMÁS lo había hecho...
Por haber crecido conmigo, gracias. Por haber aprendido tanto agarrados de la mano, por tantos hermosos momentos compartidos, por siempre haber hecho que cada beso sea más que sólo eso... pero sobre todas las cosas por haberme regalado esa hermosísima ilusión de haber proyectado mi vida con vos, una de las personas que más amaba y sigo amando en este mundo.
Y a eso me refiero con ser feliz. A buscar la felicidad a través del encuentro con el amor...
Gracias, Augusto. Muchísimas gracias por haberme amado tanto y haber hecho que mi vida haya tenido un significado.
miércoles, 26 de diciembre de 2012
Te lo aseguro
Desde más o menos principio de año trabajo los Miércoles ayudando a mi mamá, en una casa donde convive una familia muy chiquitita: Romina y su hijito, de poco más de un año.
Siempre me sentí cómoda en ese lugar. La chica es muy cálida, el ambiente siempre fue agradable y me encariñé mucho con el bebé. Me gusta mucho trabajar ahí.
Sin embargo, hace poco más de seis meses que no me gustan los Miércoles... y no es por el bebé, mucho menos por Romi.
El primer día que tuve que ir después de toda una semana de duelo, llanto y angustias, fue muy difícil empezar de nuevo con la rutina. Parecía que las canciones que escuchaba en la radio me bombardeaban con letras que identificaban mi todavía latente tristeza, de repente notaba que los estantes estaban llenos de fotos de familiares sonrientes y unidos... por alguna razón, hasta ordenar los juguetes del bebé o doblar su ropita me sensibilizaba. Todo lo que había en esa casa me hacía llorar... desde ver chupetes o fotos del casamiento de Romi, hasta hacer la cama matrimonial.
Me di cuenta de que me sentía identificada con Romina. Ella se había separado antes de que yo la conociera, y mientras mi mamá trabaja con ella siempre me contó que Romi estuvo muy triste por su separación. Pensar en la idea de que en cierta forma estoy viviendo lo que vivió ella es lo que me pone mal. Entenderla, saber lo que se siente, haber tenido tantos sueños, pensar en que podrían seguir cumpliéndose y caer en la realidad de que mucho de todo eso quedó atrás...
Hoy, otro Miércoles, lloré antes de levantarme de la cama. Como siempre lloré pensando en que lo extrañaba muchísimo, a Él y a todo lo que viví a su lado, y a pesar de que no tuve ganas de pasar por lo mismo yéndome a la casa de Romi, tuve que levantarme. Tuve que soportar nuevamente ver las fotos, tuve que volver a intentar superar este duelo del que no logro salir del todo... y aguanté como pude.
Sin embargo, justo cuando estaba más calmada, ví algo que me volvió a emocionar hasta las lágrimas.
Escondido entre imanes en la heladera, encontré este papel escrito. Era algo que Romi tal vez había dejado para ese amor suyo que se fue hace tiempo... por más que él nunca lo pudiese ver. Palabras exactas que describen completamente lo que me pasa hace más de seis meses.
lunes, 3 de diciembre de 2012
Afinidad que no se termina.
El momento de despedirse había llegado demasiado rápido. Estaba segura que apenas dos horas de poquitos abrazos jamás serían suficientes para descargar todo el cariño que acumulé durante las más de dos semanas que no pude estar con Él.
Los colectivos venían uno detrás del otro, pero nunca el que tenía que tomarme. Era como si al principio algún ente externo supiese mi deseo de no irme nunca... pero no había diferencias, de todas formas los minutos estaban pasando como segundos.
Por primera vez en toda la noche, tomé su mano con vergüenza e inseguridad, lo abrazaba cuanto podía y besaba su cara sabiendo que no me animaría a llegar a su boca. Al saber que de nuevo tendríamos que separarnos, sentía cómo la tristeza venía en forma de lágrimas queriendo salir de mis ojos... por eso a veces esquivaba los suyos, tenía miedo de desbordar cualquier signo de debilidad con su mirada. Tenía miedo de mirarlo y a veces hasta cerraba los ojos por miedo a terminar mirando sin querer sus labios mientras hablaba.
Me refugié en un abrazo, en un beso que nunca llegó a donde yo hubiera querido, y Él lo supo:
- Estás así porque no sabés cuándo nos vamos a volver a ver, ¿no?
Una sonrisa que no fue de felicidad precisamente, se curvó en mi cara cuando escuché eso, y asentí. No pude evitar mirarlo e inevitablemente empecé a verlo borroso.
- ¿De verdad? ¿Estabas pensando en eso? -volvió a preguntarme. Y no me acuerdo cómo se lo reafirmé. Sólo que me sentía muy acongojada como para poder decirlo en voz alta sin que se note lo que me pasaba.
- Te juro que lo sentí. -sonrió Él- ¿Cómo se llama eso...? Telepatía.
En parte volviste a sorprenderme, pero en otra gran parte, la verdad no. Siempre terminás enterándote hasta cuando estoy pensando en que muero por darte un beso.
Los colectivos venían uno detrás del otro, pero nunca el que tenía que tomarme. Era como si al principio algún ente externo supiese mi deseo de no irme nunca... pero no había diferencias, de todas formas los minutos estaban pasando como segundos.
Por primera vez en toda la noche, tomé su mano con vergüenza e inseguridad, lo abrazaba cuanto podía y besaba su cara sabiendo que no me animaría a llegar a su boca. Al saber que de nuevo tendríamos que separarnos, sentía cómo la tristeza venía en forma de lágrimas queriendo salir de mis ojos... por eso a veces esquivaba los suyos, tenía miedo de desbordar cualquier signo de debilidad con su mirada. Tenía miedo de mirarlo y a veces hasta cerraba los ojos por miedo a terminar mirando sin querer sus labios mientras hablaba.
Me refugié en un abrazo, en un beso que nunca llegó a donde yo hubiera querido, y Él lo supo:
- Estás así porque no sabés cuándo nos vamos a volver a ver, ¿no?
Una sonrisa que no fue de felicidad precisamente, se curvó en mi cara cuando escuché eso, y asentí. No pude evitar mirarlo e inevitablemente empecé a verlo borroso.
- ¿De verdad? ¿Estabas pensando en eso? -volvió a preguntarme. Y no me acuerdo cómo se lo reafirmé. Sólo que me sentía muy acongojada como para poder decirlo en voz alta sin que se note lo que me pasaba.
- Te juro que lo sentí. -sonrió Él- ¿Cómo se llama eso...? Telepatía.
En parte volviste a sorprenderme, pero en otra gran parte, la verdad no. Siempre terminás enterándote hasta cuando estoy pensando en que muero por darte un beso.
martes, 27 de noviembre de 2012
Para no descarrilar
Buen día. Quiero comentarte que me encanta soñar con vos. Más que nada porque es una forma de estar cerquita tuyo ahora que no puedo verte casi nunca; es una manera de darte todo el cariño que quiero y que sentí que faltó cuando, teniéndote a mi lado, no seguí acariciándote la nuca; o eso que se me ocurría decirte justo cuando no estamos juntos, de decirte todas las cosas lindas que la vergüenza me impedía decirte...
Incluso en mis sueños me emociono cuando solo hacés algo tan simple como agarrarme de la mano. Me estremezco cuando me acariciás y siento el tacto de tu piel; me conmueve tu mirada, me siento radiante y feliz cuando me abrazás o me das un beso. Me siento tan enamorada como cuando estoy despierta.
Y bueno... reconozco que a veces, cuando no estás -y muchas otras veces en las que sí estás- caer en la realidad de que te extraño me sigue haciendo llorar. Pero también te sigo amando y estoy llena de cosas hermosas para contarte y darte... siempre. Supongo que al menos tener a mis sueños como modo de decirte y demostrarte todo eso es algo que me ayuda mucho. Para no descarrilar mientras pienso en vos todos los días.
Incluso en mis sueños me emociono cuando solo hacés algo tan simple como agarrarme de la mano. Me estremezco cuando me acariciás y siento el tacto de tu piel; me conmueve tu mirada, me siento radiante y feliz cuando me abrazás o me das un beso. Me siento tan enamorada como cuando estoy despierta.
Y bueno... reconozco que a veces, cuando no estás -y muchas otras veces en las que sí estás- caer en la realidad de que te extraño me sigue haciendo llorar. Pero también te sigo amando y estoy llena de cosas hermosas para contarte y darte... siempre. Supongo que al menos tener a mis sueños como modo de decirte y demostrarte todo eso es algo que me ayuda mucho. Para no descarrilar mientras pienso en vos todos los días.
lunes, 12 de noviembre de 2012
Desde mi esencia
"Caí más de una vez y, aprendiendo de los tropiezos, me responsabilicé por mi pasado".
Hace meses que no cruzo alguna mirada con vos; meses estoy pasando sin verte, sin siquiera hablarte... ni siquiera pude saludarte por el día de la madre, ni pude verte aunque sea cruzar con el auto delante de mí... es que te siento muy lejos.
Y a pesar de que el tiempo sigue pasando, de que pareciera que al resto de las personas le es fácil superar algo como esto después de tanto, de que hay cosas que hacen que yo sea un poco más fuerte; a pesar de toda la esperanza que surgió de entre las cenizas, de las distracciones de las sonrisas y de algunas lágrimas olvidadas... hoy, sin embargo, volví a extrañarte. Sí, porque a vos también te extraño.
Me percaté de eso cuando hoy sentí ese ardor en la garganta. Esa cosa incómoda que siento trabarse en mí cuando trato de tragarme la angustia me pasó al pensar en vos. Sin notarlo, la tristeza repentina entrecortó mi respiración al darme cuenta de que hoy tampoco te tendría a mi lado para charlar. Era como que tenía una necesidad muy grande de contarte lo que me pasaba, cómo me sentía... y al encontrarme sola, sin la presencia de tu apoyo antes tan incondicional, me sentí re perturbada.
Y visto desde afuera, esto que me está pasando sería visto como algo ridículo. Cualquiera me mostraría cientos de motivos por los cuales esto no tiene que importarme, y sin embargo acá estoy, extrañándote y necesitándote. No sé si por la gran habilidad que tengo para encariñarme rápido con las personas, o por la tuya, por ahí todavía más grande, de haber hecho que te admire y haya llegado a querer tanto.
Sin querer volví a acordarme de la relación tan linda que teníamos, de todo lo que me cuidabas como si fuera tu hija, de las lágrimas que compartimos, de las risas... hasta del último abrazo que me diste. Hasta eso, el último.
A veces pienso en que me encantaría poder compartir una cena con vos de nuevo, pero después me pongo a pensar mejor y... ¡con qué vergüenza me sentaría en esa mesa! La misma que sentí cuando me retaste la primera vez que nos vimos, que no me dejabas decirte "usted". Todo sería como la primera vez. O no tanto...
Hoy realmente te necesité, quisiera decir tu nombre para engañarme y hacerme creer que estoy más cerca tuyo, pero ya ni a eso me animo. Necesité hablarte, tu compañía, escucharte, no sé... compartir un momento con vos. Te necesité y sigo necesitando mucho.
Ojalá con algún pensamiento, no sé... con algún sueño, de alguna forma puedas enterarte de todo lo que te estoy extrañando.
Y ni siquiera tengo una foto con vos...
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